mar arbolada en alborán

Se descubre cómo es cada uno de verdad cuando llegan los momentos críticos.

Me encanta ese dicho: nunca un buen mar en calma hizo experto a un buen marinero.

En los ochenta, los que veíamos el pronóstico del tiempo en TVE de Mariano Medina, en cualquier invierno, escuchábamos repetidamente esa frase de «rachas de marejada o fuerte marejada» y a veces esa frase de: «mar arbolada en Alborán».

En mi inocencia de niño con gafas de Bill Gates, siempre imaginé la mar arbolada como miles de olas de colores plateados como espumillón, y barquitos que las veían como desde fuera, desde debajo de la ola, con todos los pescadores muy tranquilos en la cubierta de su barco, mirándolas. «oh, qué ola, qué bonita».

Por cierto, la segunda parte de esto es que durante años pensé que Alborán estaba en el Atlántico y los pescadores eran gallegos. El resultado era el mismo, miraban las olas y el espumillón desde la cubierta del barco, y decían: «oye carallo esto é moi bonito».

La realidad era muy diferente y allí, en medio de Alborán, que viene a quedar donde Cristo perdió el mechero del Mediterráneo, nuestros pescadores, la mayor parte de Almería, normalmente no salían no ya a cubierta, sino que no salían ni a la mar, porque ya sabían que las posibilidades de volver con vida eran escasas.

El que se arriesgaba a salir, lo hacía por necesidad o por hambre, y si sobrevivía, sabía que lo mejor era morirse en tierra firme que desaparecer entre Gibraltar y el cabo de Gata.

Y a lo que vamos. A este país llegó la ola. La mar arbolada, Sin espumillones plateaditos. El Tsunami.

Aquí nos han enrolado a la fuerza a nuestros barquitos y no nos dejan salir hasta que lleguemos a buen puerto.

Y esta ola se lo ha llevado todo por delante. Lo primero que se ha llevado mar adentro: a nuestros políticos.

Joer, de verdad soy un iluso. Igual que pensé en bonitos espumillones de agua de mar, pensé que los políticos eran más de lo que han resultado ser.

Han llegado los gobernantes con su barquito llamado «España», y hacen aguas por todos los lados. Son capitanes novatos que ponen el barco de costado a la ola, una y otra vez, y otra y otra y otra…

De vez en cuando, algún marinero con más canas y que ha sufrido más tormentas les dice: «carallo no lo pongas de costado a las olas, rapaz» «no, otra vez no, carallo».

Pero a ellos les da igual, se cabrean, patalean y dicen que no sabemos, que ellos saben mejor que nosotros y vuelven a comerse otra ola de costado. Buscan expertos pero no para informarse. Buscan expertos porque el que busca un consejo busca un cómplice.

Y lo peor de todo, lo que más me jode, lo que más me encabrona, no es que vayan a sacar en claro que tienen que estar preparados para la siguiente crisis de este tamaño. No han aprendido eso.

Lo único que quieren sacar en claro es cómo gestionar su imagen y manipularnos para que seamos aún más dóciles la próxima vez.

A partir de ahora, conmigo, que no cuenten.

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Empecinado Escrito por:

Ya me gustaría a mí ser el Empecinado.

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